Críticas

 

Exposición "Profundidades"

Exposición "Medusas"

Exposición "José Martí"

Exposición "Pólvora Sixtina"

 

 

 

 

EXPOSICIÓN "Pólvora Sixtina"

BENDITA PÓLVORA SIXTINA

 

     Orar no hasta que Dios nos escuche, sino hasta que podamos oír a Dios. Nunca dejar de orar.  Y expandirse. Entregarse, confiar y fluir. Asumir y saborear cualquiera de las únicas tres respuestas posibles con igual entusiasmo y agradecimiento. No dejar de pintar y expandirse. Pintar y regocijarse igual de poseso y agradecido con cualquiera de las únicas tres respuestas posibles. Pintar no hasta que Dios te escuche, sino hasta que puedas oír a Dios. Pintar con el si. Pintar aunque todavía no sea el momento. Pintar porque te espera algo mucho mejor…  

     Pintar con la complicidad del único móvil mágico que escapa al tiempo y al espacio. Sin chips de ninguna generación, ni antenas postmodernas, ni cargadores emergentes, ni teleoperadores fuera de serie…  Porque siempre esta disponible, despejado y dispuesto para todos y cada uno de nosotros. Orar a través del  móvil más caro del mundo. Ha costado la sangre del Hijo. Pintar el vacío y la esperanza, dibujar lo que no puede verse y colorear la fe. Porque creer solo en lo que ya puede verse, ¿qué gracia tiene?    

     No dejar de orar. Como si nos fuera la vida en ello. Porque es que nos va la vida en ello. Las dos.  Pintar hasta poder escucharle a cada trazo y a cada instante. Porque nada de lo que podamos hacer o decir será nuevo ni propio. Todo nos ha sido dado. Desterrar la soberbia y el orgullo. Liberarse y abandonarse. Fluir en la génesis para recrear otros símbolos. Descubrirse en el pasado y parir nuevas transparencias y colores… Las comparaciones siempre son odiosas. En el clan de la cicatriz nunca aprendemos a odiar. Solo somos pólvora divina. Y venimos al mundo para estallar y contagiarte.

     Orar a vida o muerte. Pintar a vida o muerte. Fundir el móvil más caro del mundo con la única contraseña posible. Dejar de ser este  pobre misterio biogenético y convertirse en el milagro de la creación. Merecerle. Renacer dignos de ser y estar. Rozar siquiera Su sacrificio, imaginar siquiera Su amor… Ofrecer, al menos, la entrega. Total, incondicional y absoluta. Volver a la génesis. Recuperar los pasos perdidos para encontrar los trazos de una nueva mirada. Recuperar la pólvora dormida para y decretar otra arquitectura del alma. Rebautizar los sueños, bailar con sus reflejos y dejarles libres después de los espejos. Volar con ellos. Renacida pólvora divina.

     Orar a corazón abierto. Sin letanías ni manual de instrucciones. Sin cómputos ni chantaje emocional, sin recetas ni intermediarios… Orar solo a corazón abierto. Pintar solo a corazón abierto. Pintar incluso enmudeciendo. Desgranar de repente todas las respuestas y naufragar en las lágrimas del agradecimiento porque ya solo ellas pueden amasar cualquier color.  Borrar el miedo para siempre. Olvidar las dudas. Orar enmudeciendo porque cada partícula de nuestro ser ha instaurado para siempre la comunión que trasciende cuerpos y palabras.

     Pintar a corazón abierto. Gracias, Señor, por cada día de angustia que permita aprender a escucharte para quedarse solo con la luz. Gracias por la fe y la oración.  Gracias por la pólvora de tu hijo Loyola. Por el testimonio de su grandioso estallido en esta bendición. Bienvenidos al mejor lugar en su mejor momento. A la fiesta de la humildad de la sabiduría sobre el eco de los aullidos del ego.  Solo hay que soltar el alma y abandonarse… Bienvenidos a una nueva vida. Hágase la luz… ¡Bendita pólvora sixtina!

 

Sonia Elena Prado Stoytcheva
Madrid, Diciembre 2006